sábado, 12 de mayo de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
domingo, 29 de enero de 2012
Es enero y se termina.
Lo que se calla es una incertidumbre.
Los ojos poco ven. Los días duran menos.
Cada minuto conozco menos a lo desconocido.
Cada vez que veo, comienzo a cegarme. Un poco más.
Lo que se llama tiene la forma de un ala.
Y a veces me voy, en silencio. Un acantilado.
Nada más.
jueves, 23 de junio de 2011
Y
y cuerpos que no lo resisten.
Y hay incendios que comienzan
en los huesos.
Y hay vacíos que parecen completar el espacio.
Y hay secuelas que no comprenden de cicatrices.
Y veredas que no han sido hechas para caminarlas.
Y hay verdades que deben quedarse en silencio.
Un instinto que nace en la discreción.
Y hay un cuerpo que se desliza bajo el agua,
'las cosas caen por su propio peso'
pero también, flotan.
sábado, 2 de abril de 2011

Es enero en Abril, quizá ya esté por el quinto día sin calendario y brújula.
miércoles, 30 de marzo de 2011
'Cada hora muerta pasa como un reloj recién construído'. Eso había dicho, indefectiblemente, cuando se asomó al cristal. Tuvo una premonición antes de abrir los ojos instintivamente. Las sábanas la asfixiaban como nunca antes. Se supo dentro de un armario, se coronó en aluminio. Otra vez una figura extraña se arrimaba desde lo más remoto. Sin señal de alerta se acercó, contempló su imágen reflejada y vio al alba más bella mientras caían las plumas de los pájaros. Esta vez se retiró de sí, pensó en el mar hasta quedar completamente tendida sobre su lecho y apretó fuerte su collar, recién construído. Quedó colocado perfectamente sobre sus huesos mientras se desintegraban sus labios bajo la superficie. Esa sensación nueva tuvo cuando el agua la recorría como una aguja que da sus vueltas más precisas, de un reloj recién construído.
domingo, 13 de marzo de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
Yo creo que vos me entendés desde otro punto,
desde otro sitio,
otro cuerpo.
Desde otro sexo
y otros ojos.
Me comprendés como las hojas
que caen en otoño
luego de una temporada quietas.
Y lo más cruento, en este asunto
Es que yo también te entiendo,
desde otro duelo
y otra cama.
Desde una ventana abierta
y un paseo bajo la lluvia.
Desde el invierno a la primavera.
Te comprendo como cuando florecen
las palabras.
Y marchitan los silencios.
Pero aún...
aún no nos conocimos.
sábado, 22 de enero de 2011
6 p.m.
sábado, 1 de enero de 2011
martes, 28 de diciembre de 2010
Sala de espera

Debo angustias en los hospitales, los rostros pútreos no dicen certezas, se olvidan del olvido, se sientan en la almohada de la clepsidra, divagan por los corredores, a la hora de la noche, la hora del silencio, de escaleras oxidadas, roídas.
Los hospitales callan, a veces. Los recuerdos no conocen la quietud, nada saben del aprendizaje del respiro, la agonía, la calle cerrada, el cemento en puntas de pie.
Temo ver rostros por última vez, fingir la textura de la piel, inventar un tacto inerte, dormirme al mirar la pared. Y el rostro de la última vez se vuelve eterno, intacto. Cobra movimiento, evoluciona, hace muecas, observa, cierra los ojos y regresa en los túneles de los sueños.
Ese rostro, de hospital, de medianoche, de olor antiséptico se difumina, se embebe del alba y apaga el motor.
Al día siguiente, todos preguntan por un cuerpo, obsequian cuerpos de flores, a un cuerpo de madera, otros hacen un cuerpo de mármol, con un cuerpo de fuego, rodeado de cuerpos que han olvidado un rostro, el único, no el último.
La habitación vacía crea un circo de miembros, un rostro final aparece por años. Hay un día en que vuelve el rostro y habla con la voz más enmudecida que se haya oído, sugiriendo devolver las angustias a los hospitales y el sueño a los que jamás tuvieron un rastro de libertad.
domingo, 19 de diciembre de 2010


domingo, 12 de diciembre de 2010
Des Cubro
jueves, 9 de diciembre de 2010
lunes, 8 de noviembre de 2010
¿Ha de ser la melancolía el hígado negro de mis páginas?, ha de ser una mentira. Lo único que vengo deseando a diario es el silencio. Un silencio helado, silencio de ojos cerrados, de manos heridas, de árboles en invierno.
Un cobijo, un hueco bajo tierra, vengo buscando una ciudad que se parezca a mí. También quiero encontrar la modalidad exacta para cambiar la página. Los cuentos deben terminar. Y a veces es mejor la casa vacía. No hacer tantas promesas. Y permanecer bajo el agua.
Quiero viajar, cada vez que lo hago me olvido del invierno, de los árboles. Voy desdibujando las palabras que quedan impresas anteriores al punto.
Y besar los vidrios empañados, subir escaleras, abrir la ventana, gritar dentro de una bolsa de papel… También escribir, sin puntos.Qué paradoja, hace días busco escribir, conectarme con mis adentros y a la vez busco callar, apagar lo que me rodea.Voy a comenzar por dibujar un poco más, taparme los ojos un poco menos.Quizá sea como decía Pablo Neruda: “de cuando en cuando y a lo lejos, hay que darse un baño de tumba”.
lunes, 25 de octubre de 2010
Otro suspiro de Octubre
Y a veces, cuando esa mañana no llega con demoras, espero que alguien se asome y baje sus ojos como persianas...
lunes, 4 de octubre de 2010

Todo es una pradera de sutíles bifurcaciones.
Cuando siento el peso de un péndulo, la hiedra se hace mármol.
Todo es pradera, un jardín inmenso. Un cuento que no tiene núcleo.
Las tardes llegan impuntuales al reloj, cuando florecen.
Hoy tuve premoniciones de espejos. De lluvia inequívoca, del más azul anochecer cayendo sobre las laderas. De pronto el frío colmó los álamos, la pradera ya no estaba. El camino era unitario. El péndulo quieto.
Todo se magnificó a casi, casi se simplificó en nada.
Nada era de clorofila.
Por eso mi pradera está en una pecera, de vidrio. Muy azul.
Como yo.




